domingo 01 de julio 2018

Islandia: de los peores indicadores de consumo de alcohol a un ejemplo en la lucha contra la adicción

Tres políticas públicas que llevaron al país europeo a disminuir del 47% al 5% los índices de abuso de bebidas alcohólicas en los adolescentes.

Cómo manejar el consumo de alcohol -cada vez más precoz- en la adolescencia es un tema que preocupa a más de un país.

Algunos, como Uruguay o Suecia, se enfocan en la prohibición legal, en Canadá, decidieron apuntar a la dimensión psicológica del problema, pero lo cierto es que los resultados no arrojan éxitos sostenibles.

En la Argentina, según datos aportados por la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar), el 50% de los estudiantes menores de 14 años ya probó alguna bebida alcohólica y se registran -cada vez más- casos de inicio de consumo de alcohol a partir de los 11 años.

Las cifras hablan por sí solas de la falta de éxito en las políticas tendientes a revertir la situación: más del 77% de la población al llegar a los 18 años ya consumió alguna bebida alcohólica. Entre los adolescentes de 12 a 17 años el consumo de alcohol tuvo el mayor aumento -de más de 13 puntos porcentuales- entre 2010 y 2017. El porcentaje de nuevos bebedores pasó de 9,7% en 2010 a 37,1% en 2017. En el caso de los varones dicha tasa casi cuadruplica a la de 2010.

La edad del primer consumo disminuye a medida que las generaciones son más jóvenes. El 70% de los estudiantes escolarizados a nivel país probó alcohol alguna vez en su vida y el 50% lo consumió durante el último mes. La mitad de los estudiantes que consumieron alcohol lo hizo en forma riesgosa, es decir que su consumo le trajo problemas consigo mismo o con el entorno.

La médica psiquiatra y experta en adicciones Geraldine Peronace destacó a Infobae que «el sistema nervioso central termina de madurar a los 25 años y todo consumo previo a esa edad influye en el desarrollo madurativo del individuo y tendrá consecuencias sobre el mismo».

«Todas las drogas son malas y todas, en mayor o en menor medida, a corto o a largo plazo, provocan inconvenientes, problemas de salud y numerosos riesgos; esto es algo irrefutable», insistió.

Y tras asegurar que «el alcohol es de uso legal prácticamente en todo el mundo y su consumo se relaciona con la muerte de más de 2,5 millones de personas al año a nivel mundial», la especialista enfatizó: «De ese total, 320 mil son jóvenes de entre 15 y 29 años».

¿Qué hicieron en Islandia para pasar de un 47% de adolescentes que habían consumido alcohol en el último mes en 1998 a un porcentaje actual inferior al 5%? El modelo islandés, que ya ostenta el mote de milagro, se limitó, básicamente a estudiar durante una década los hábitos y conductas de los jóvenes y trabajar sobre esos resultados.

Para el Instituto Islandés de Análisis y Estudio Social (Icsra), con Jon Sigfússon a la cabeza, era clave conocer por qué tomaban los chicos para lograr que dejaran de hacerlo. Y eso fue lo que analizaron.

Hallaron que existía una asociación estadísticamente significativa que demostraba que hay tres factores que actúan en la adolescencia como protectores frente a conductas adictivas: postergar la edad a la que los chicos empiecen a tomar alcohol, idealmente hasta después de los 18; pasar tiempo con sus padres (al menos una hora diaria), y tener actividades extraescolares como deporte, teatro, danza.

Y fue a partir de ese conocimiento que diseñaron tres políticas públicas.

1- Fortalecieron la prohibición de alcohol a menores y redoblaron los controles. Está demostrado, según Sigfússon, que retrasar la edad de inicio de consumo de alcohol baja las chances de adicción. Así fue que decidieron elevar la edad a la que se permite la compra de bebidas alcohólicas de 18 a 20 años.

2- La segunda medida tampoco fue muy popular y al igual que la anterior contó con una gran resistencia en sus comienzos: prohibieron que los niños menores de 12 años circulen solos por la calle después de las 20, y los adolescentes de entre 13 y 16 años, después de las 22. Con eso buscaron forzar de alguna manera que los chicos estuvieran más horas en sus hogares, en compañía de sus padres. Aunque se crea lo contrario, cuantas más horas pasa un adolescente con sus progenitores menos chances tiene de consumir alcohol.

3- Promovieron y becaron las actividades extracurriculares para adolescentes. Este tercer ítem involucró al Estado, a las escuelas y a los padres, ya que consideraron que los adolescentes que tienen actividades después de la escuela tienen menos riesgo de caer en adicciones.

Para Carlos Damin, jefe de toxicología del Hospital Fernández, el modelo islandés resulta muy interesante más allá de las diferencias de una sociedad nórdica y la argentina. «Hay lecciones que deberíamos incorporar. Es utópico pensar acá en la prohibición de circular por la calle de noche para adolescentes -consideró-. Pero sí deberíamos incorporar la importancia en el rol de los padres y en la función preventiva que cumplimos al pasar tiempo con ellos y de hacer actividades juntos. Además, en Islandia empezaron por casa. Por reducir el consumo en los adultos. Darle un vaso de cerveza a un chico de 15 años no solo lo daña físicamente. También le enseña que las leyes son para romperlas. Después, como padres, no nos podemos quejar».

Para él, «lo que ocurre es que el alcohol empieza a ser consumido normalmente con un uso responsable, pero en un momento puede volverse abusivo y extenderse a lo largo de muchos años».

«Y para colmo, la diversión adolescente se caracteriza por la falta de adultos, la ausencia de autoridades -analizó Adrián Dall’Asta, creador de Fundación Padres-. Hay que hacerse presentes. Escuchar a nuestros hijos, sabiendo qué hacen, dónde y con quién. Llevarlos y buscarlos, acordar y negociar algunos límites, pero ser claros y firmes en otros. Quizás ellos puedan dar señales de enojo o de fastidio con nuestra presencia. Aún así tenemos que estar ahí para decir que no, no sólo con palabras sino con nuestro ejemplo. Proteger, cuidar, y dialogar. Porque la vida tiene momentos divertidos, pero lo que daña no debe ser considerado divertido».

La legislación vigente en la Argentina prohíbe la venta de alcohol a menores de 18 años y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda evitar el consumo de alcohol en menores, ya que aumenta el riesgo de provocar dependencia en la edad adulta.

Fotos: Shutterstock.

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