viernes 27 de julio 2018

Insólito: justicia llama al difunto para declarar sobre su homicidio

El líder social colombiano Bernardo Cuero Bravo fue asesinado el año pasado frente a su pareja luego de denunciar por más de 17 años amenazas contra su vida.

Infobae

El pasado 7 de junio de 2017, Bernardo Cuero Bravo, un líder social afro, fue asesinado a tiros en su casa ubicada en el municipio de Malambo, Barranquilla (Colombia), cuando compartía con su pareja. Su crimen, como el de la mayoría de los 311 activistas asesinados desde la firma de paz en 2016 hasta la fecha, no ha sido resuelto. Lo insólito de este caso en particular es que, ya difunto, fue citado por un juzgado de la ciudad para asistir a la audiencia de su presunto homicida.

El Centro de Servicios Judiciales emitió el documento con fecha del 23 de julio, según conoció El Heraldo. En ella solicitan a Cuero a comparecer en la diligencia de libertad por vencimiento de términos de Víctor Carlos Meriño Pereira, quien presuntamente fue el autor de su asesinato. El hombre había sido acusado por la Fiscalía el pasado marzo, que presentó el material probatorio que lo vinculaba con el homicidio.

Pero el proceso judicial se frenó cuando el abogado de Meriño Pereira presentó un recurso de apelación, que trasladó el caso al Tribunal Superior de Barranquilla. Como recuerda el medio local, la Fiscalía presentó a un Policía como «fuente informal», que para la defensa debía ser identificado al tratarse de un agente estatal. Sin embargo, el ente acusador se negó por cuestiones de seguridad.

Bernardo Cuero Bravo, de 62 años, era un líder de la comunidad afrodescendiente, fiscal nacional, coordinador en el Atlántico de la Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados (Afrodes) y miembro de la Mesa de Víctimas de ese departamento. Era recocido en el país por su activismo por el ‘Sí’ al plebiscito de paz, que favorecía los Acuerdos con las FARC, y su trabajo de reparación colectiva por los afectados negros del conflicto.

Desde el 2000 venía advirtiendo sobre amenazas contra su vida. Luego de sufrir dos atentados, tuvo que abandonar su natal Tumaco, departamento de Nariño, hasta llegar a Malambo, un municipio del Atlántico asediado por el paramilitarismo. Malviviendo en ranchos de invasión inició nuevamente su liderazgo social por los derechos afro.

«Era el compañero que más se sabía la ley, el más preparado, por eso nos hacía talleres y capacitaciones regionales», dijo al momento de su muerte Marino Córdoba, presidente de Afrodes, que fueron los primeros en alertar sobre su situación de peligro, al incluirlo en una lista de 140 líderes de esa organización que estaban amenazados, y que presentaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.

Pero ninguna denuncia sirvió. La Unidad Nacional de Protección hasta le retiró una medida de seguridad que era lo único que le habían impuesto, argumentando que «el peligro que corría no era causado por el conflicto armado sino por un problema personal que tenía con vecinos del sector», cita El Heraldo.

Así que, después de que un hombre en moto llegara a su casa en el barrio Villa Esperanza, en Malambo, e intentara dispararle sin éxito porque el arma no se activó, los sicarios regresaron. A los días, mientras veía un partido de fútbol junto a su compañera sentimental, otros dos motorizados irrumpieron en su vivienda preguntando por unos apartamentos, y cuando captaron su atención le dispararon en cuatro ocasiones.

Fotos: Shutterestock/Flickr/Captura de video

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