
Especialistas en psicología y salud han determinado que ciertos rasgos de personalidad como el perfeccionismo excesivo, la represión emocional y la impulsividad pueden perjudicar el bienestar físico y emocional con el paso del tiempo, al aumentar los niveles de estrés, ansiedad y afectar la calidad del sueño.
Las personas que se exigen demasiado tienden a experimentar mayor tensión muscular, dolores de cabeza y agotamiento emocional, mientras que quienes reprimen sus emociones o evitan expresar lo que sienten terminan manifestando en el cuerpo aquello que la mente guarda.
Por otro lado, los individuos impulsivos suelen tomar decisiones sin pensar en las consecuencias, lo que deriva en hábitos poco saludables como mala alimentación, pocas horas de sueño o postergar visitas médicas.