
La iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, ubicada en el municipio de Curarén, no solo destaca por su arquitectura sino por una leyenda que afirma que el diablo dejó la obra inconclusa y con una marca irremovible tras ser engañado por los lugareños.
La tradición relata que, al no tener dinero para construirla, los pobladores aceptaron la oferta de Satanás, quien pidió matar a todos los gallos de la comunidad para evitar su canto durante la madrugada.
Una mujer desobedeció la orden y ocultó a su ave; al escucharlo, el demonio golpeó con furia un muro del templo y desapareció, dejando una huella que, según los residentes, ningún material ha logrado cubrir.