
Junior Moreno, un joven venezolano de 25 años, recorrió seis países de Centroamérica con su hija de 5 años para escapar del hambre y la violencia que azotan su país natal, encontrando en Honduras un nuevo hogar donde hoy trabaja en un semáforo para sostener a su familia.
El migrante atravesó el Tapón del Darién, una de las selvas más peligrosas del mundo, y subió al tren en México, una experiencia que describe como inolvidable y que no recomienda a nadie debido a los riesgos mortales que enfrentan los viajeros.
Tras ocho años fuera de Venezuela, con una larga estadía en Colombia y México, Moreno asegura que la fuerza para seguir adelante la encuentra cada mañana al ver a su hija, su principal motivación para no rendirse.
El padre soltero sueña con poner a estudiar a su niña y comprarle todo lo que necesite, convencido de que, aunque el camino ha sido duro, Honduras le ha tendido una mano amiga para reconstruir su vida.