Honduras contra las pandillas: ¿’efecto Bukele’ o nuevo enfoque de seguridad?

Honduras El gobierno hondureño que encabeza la presidenta Xiomara Castro está haciendo frente a las pandillas que operan en la nación centroamericana. El pasado 31 de marzo, Castro aprobó en reunión del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad (CNDS) la «II Etapa del Plan Nacional de Seguridad: Solución Contra el Crimen» y volvió a prorrogar el […]

Pacientes del Hospital Escuela

Honduras

El gobierno hondureño que encabeza la presidenta Xiomara Castro está haciendo frente a las pandillas que operan en la nación centroamericana.

El pasado 31 de marzo, Castro aprobó en reunión del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad (CNDS) la «II Etapa del Plan Nacional de Seguridad: Solución Contra el Crimen» y volvió a prorrogar el estado de excepción decretado a finales de 2022, que rige parcialmente en el país.

Las decisiones tomadas por Castro en Honduras han sido comparadas con las medidas adoptadas por el Nayib Bukele en El Salvador, donde se declaró estado de excepción en marzo de 2022 y la medida se ha prorrogado hasta la actualidad. En ese período, las fuerzas salvadoreñas han capturado a más de 65.000 presuntos pandilleros y se ha construido una megacárcel para su reclusión.

Sin embargo, las acciones que se han ido aplicando en Honduras tienen más que ver con en el Plan de Gobierno para la Refundación y Construcción del Estado Socialista y Democrático 2022-2026, presentado por Castro durante su candidatura a la Presidencia en 2021, que con una suerte de remedo de las políticas de Bukele.

El plan y las acciones

En el Plan de Gobierno para la Refundación 2022-2026 se propuso el combate frontal e inteligente a la extorsión y al lavado de activos, consideradas actividades que retroalimentan a las organizaciones criminales.

«Desarrollar un sistema de inteligencia económica para el rastreo, detección y desactivación del lavado de capitales provenientes del crimen organizado transnacional y nacional, ligado al narcotráfico, a la minería clandestina, al tráfico de personas, a tala ilegal de madera, a la trata de inmuebles asaltados y financiamientos dudosos», dice el documento.

También se propuso la recuperación de los espacios públicos asaltados y controlados por el crimen organizado, pero combinando «el uso proporcionado y responsable de la fuerza, el sistema de inteligencia e investigación, y la ampliación de la red estatal de servicios de apoyo para las víctimas y la prevención del delito, incluyendo la presencia suficiente de protección en el transporte, el sistema educativo y las actividades económicas lícitas», añade el texto.

Ese enfoque de uso proporcionado y diferenciado de la fuerza, aunado al dispositivo de apoyo a las víctimas, dista de la perspectiva más punitiva de El Salvador, que se ha centrado en la llamada «guerra contra las pandillas».

Asimismo, en Honduras se plantea el fortalecimiento de los controles para resguardar el territorio de las amenazas del crimen organizado que se aprovechan de la porosidad de las fronteras nacionales.

En concordancia con ese proyecto, como explicó en noviembre pasado Héctor Gustavo Sánchez, director de la Policía de Honduras, Castro lanzó el Plan Integral para el Tratamiento de la Extorsión y Delitos Conexos.

«Mi compromiso es brindarle la seguridad que demanda el pueblo hondureño y vamos a erradicar la extorsión hasta en el último rincón de nuestra patria», dijo Castro en esa oportunidad.

Para la mandataria, la extorsión es «el resultado siniestro de la existencia del crimen organizado en Honduras» y «una de las principales causas de inseguridad, migración, pérdida de libertad, muertes violentas y cierre de pequeños y medianos negocios».

Pero el problema no es nuevo. Castro ha insistido en que durante los 12 años previos a su mandato, Honduras «fue víctima de la imposición de un cártel de narcotráfico desde el Estado mismo», organización que habría permeado las instituciones y elevado la violencia en el país. Por RT