
La falta de relevo generacional amenaza con la extinción de la agricultura en Honduras en una o dos décadas. La dirigencia campesina asegura que los jóvenes ya no quieren trabajar la tierra.
Los hijos de los campesinos consideran que sembrar maíz y frijoles no es rentable y solo lo hacen por tradición familiar.
La dirigencia advierte que el territorio nacional podría convertirse en lotificaciones si desaparecen los pequeños productores.
Los jóvenes del campo no soportan el calor ni el trabajo pesado, prefieren dedicarse a las redes sociales y ser tiktokers.
Además, exigen trabajar pocas horas con salarios altos, lo que incrementa los costos de inversión y no es sostenible para los patronos. Si el abandono continúa, en diez años desaparecerían los pequeños productores.