
Las Cataratas de Sangre en la Antártida, una corriente de intenso color rojo que fluye desde el Glaciar Taylor en los valles secos de McMurdo, han revelado que su tonalidad se debe al hierro presente en una salmuera extremadamente salada que se oxida al contacto con el oxígeno, descartando las teorías de algas o sangre que circularon durante años.
Investigaciones geológicas indican que esta salmuera quedó atrapada bajo el glaciar después de antiguos cambios ambientales y ha permanecido aislada durante más de un millón de años, mientras análisis genéticos recientes encontraron microorganismos con características relacionadas con comunidades marinas que sobreviven en condiciones de frío intenso, alta salinidad y escaso oxígeno.
Los científicos consideran que este ecosistema extremo, donde las microorganismos obtienen energía del hierro y azufre, ofrece pistas cruciales para comprender los límites de la vida en la Tierra y explorar ambientes similares en lunas heladas del sistema solar, como las que orbitan Júpiter y Saturno.