
Melissa, una madre de 32 años de dos hijos, sobrevive con alergias severas a alimentos y medicamentos en el Hospital Mario Catarino Rivas, donde no hay alergólogo para adultos y los exámenes especializados superan los 3,000 lempiras.
La paciente sufrió un shock anafiláctico tras reaccionar a un medicamento y luego empeoró su condición con acetaminofén, desarrollando síntomas que incluyen abscesos, inflamaciones oculares y alergias en la piel.
Las autoridades del hospital la remitieron a un especialista privado en Tegucigalpa, pero la falta de recursos económicos la obligó a suspender el tratamiento, y ahora vive encerrada en su hogar para evitar el polvo que podría provocarle un nuevo choque.