
El voto joven se consolida como un arma de doble filo en las elecciones generales de 2025, ya que, aunque los partidos políticos intensifican su enfoque en este sector, no logran garantizar su apoyo.
Aunque representan una porción significativa del padrón electoral, los jóvenes exigen propuestas concretas y rechazan las campañas basadas en polarización o resentimiento, lo que complica las estrategias tradicionales de captación.
Como señala el analista Tulio Mariano, su capacidad crítica crece frente a discursos vacíos, lo que obliga a los candidatos a repensar su enfoque si quieren ganar su confianza.