
Corea del Sur aprobó una ley histórica que prohíbe la cría, venta y sacrificio de perros con fines de consumo, marcando el inicio del cierre definitivo del mercado de carne canina en el país.
La medida contempla un periodo de transición para que los criadores y comerciantes abandonen progresivamente la actividad, con apoyos gubernamentales destinados a reconvertir sus negocios hacia otras alternativas productivas.
Se estima que esta decisión podría salvar a cerca de 80 mil perros al año, cifra aproximada de animales que eran sacrificados anualmente para abastecer esta industria tradicional.
La reforma fue impulsada tras años de presión de organizaciones defensoras de los animales y un cambio cultural dentro de la sociedad surcoreana, donde cada vez más personas consideran los perros como animales de compañía y no como alimentos.