Las coloridas alfombras de aserrín que adornan las calles de Comayagua cada Semana Santa tienen su origen en 1963, cuando la salvadoreña Miriam Mejía de Zapata impulsó por primera vez esta tradición que llegó desde España vía Guatemala y El Salvador.
Los diseños religiosos representan escenas bíblicas de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, aunque también celebran la cultura y la historia hondureña.
Comunidades enteras se organizan días antes para elaborar las alfombras, una actividad que une a familias, vecinos y grupos eclesiásticos, atrayendo a miles de turistas que caminan y fotografían estas obras efímeras.